para dar paso al temblor inocente”
Janis Palma.
“Estamos solos
y agrietados en la sombra…
en la sombra del poema”.
Ahora que las cosas se están viendo claras:
No preguntes por qué el sol ya no brilla entre los bosques
Por qué correteamos a los grillos en invierno
Por qué la risa es un piano gastado en plena noche
Y la casa se sumerge en el silencio
Y el mantel que se eleva por los aires
Y el mantel que se eleva por los aires
Las nubes que se empañan en los ojos
Y tendemos a maullar fuertemente nuestras notas
Para romper la barrera que planta tu memoria
En un juego exacerbado de marañas incipientes
Un abanico de recuerdos
tumultuosos y palabras
Y la tapada que reúne las imágenes verbales
Y los hechos que rebalsan
Como el vaso en el deshielo
Como ahorcando un camarón al medio día
Para planchar dos camisas que no pueden calentarse
El calor que no cubre nuestra sombra
Nos colgamos pies-arriba de las ramas
Resumiendo los espejos en el río
Cuando abrimos nuestros brazos al abismo
Cuando vemos al cañón protegido por la hierba
Donde el viento se sumerge entre las aguas
Bosques llenos de cerezos de pantanos de hierbajos
de flores incoloras
Inútil constitución de partículas terrestres
Sangradas como uno fuertemente en el deseo
Soportando la lavanda de tu cuerpo
Sumergiendo la caricia en tu experiencia
Remojando la cabeza en el azufre
Nos cubrimos con cendales los cabellos
Y sentimos nuestro rostro inundado de pureza
Para abordar como nuca el autobús
Hasta llegar a las aguas del Mantaro
Deslizándonos por el ojo de una aguja
Cuando la naturaleza
No es más que una armonía de rarezas
Sobre la búsqueda incesante de un acto significativo
Y nos rodean un conjunto de sonidos inestables
Onomatopeyas líquidamente estrepitosas
Sobre la acumulación de palabras inciertas
Para que Louis Armstrong interprete nuestro himno
Acerquemos la lavanda a nuestro cuerpo
Y lo inextricable que se vuelve inextricable
Espiando muy de noche a nuestros padres
Y lo inextricable que se vuelca a nuestros actos
Engatusando con el vuelto al bodeguero
Y nuestros actos que se pierden en la búsqueda
Llamando seis veces a la puerta
Y la búsqueda que no halla lo significativo
Para cazar lagartijas en el bosque
Y lo significativo es la coalición de versos arrítmicos
El fagot sepultado en la belleza
Y lo arrítmico determina la pureza…
Rociarás tu perfume entre las aguas
Sentada pies arriba en el abismo
Contemplando la silueta de los dioses
Absorta entre las aguas de la rosa
Y preguntaras:
“¿Cuál es el signo de la interrogación?”
Y yo te contestare:
¡Eso me causa admiración…!
Es imperativa mi respuesta
La claridad es un dogma categórico
Elucubrando un máquina celeste
Para combatir fuertemente a la desidia
Inopinando a la palestra de la sombra
Para estructurar la forma de estos versos
Y atravesarlos por el filo de una espada
Hasta convertirlos en un plato de lentejas
Cuando nos comemos las espigas con el vino
Bajo la gota que penetra a la camelia…
Esculpiendo el sentido de esta imagen
Seguimos revolcando nuestro cuerpo entre la hierba
Rodando cuesta abajo en la colina
Hasta que el tambor retumbe entre los bosques
El silencio
Que se entona en el silencio
El conejo que se encierra en la garota
El ciego que se mira en el espejo
Trepamos las ramas del manzano
Sentados a la orilla de una hoja
Hablando dulcemente al viejo sordo
Discutiendo hasta el cansancio con el muro
Una sonrisa… Un gemido… Una caricia…
Como quien torna la mañana en un sombrero
Como quien trata con paciencia al buen abuelo
Para soltarle rascapies entre la media
Con mi abuelo tú solías corretear
Crickckck… Crickckck… Crickckck…
Soltando mi sombrero en pleno bosque
Cantamos la senilidad de los besos
Entumecidos por el hierro de las flores
Para mostrar las cosas claras
Como este poema.
Y tendemos a maullar fuertemente nuestras notas
Para romper la barrera que planta tu memoria
En un juego exacerbado de marañas incipientes
Un abanico de recuerdos
tumultuosos y palabras
Y la tapada que reúne las imágenes verbales
Y los hechos que rebalsan
Como el vaso en el deshielo
Como ahorcando un camarón al medio día
Para planchar dos camisas que no pueden calentarse
El calor que no cubre nuestra sombra
Nos colgamos pies-arriba de las ramas
Resumiendo los espejos en el río
Cuando abrimos nuestros brazos al abismo
Cuando vemos al cañón protegido por la hierba
Donde el viento se sumerge entre las aguas
Bosques llenos de cerezos de pantanos de hierbajos
de flores incoloras
Inútil constitución de partículas terrestres
Sangradas como uno fuertemente en el deseo
Soportando la lavanda de tu cuerpo
Sumergiendo la caricia en tu experiencia
Remojando la cabeza en el azufre
Nos cubrimos con cendales los cabellos
Y sentimos nuestro rostro inundado de pureza
Para abordar como nuca el autobús
Hasta llegar a las aguas del Mantaro
Deslizándonos por el ojo de una aguja
Cuando la naturaleza
No es más que una armonía de rarezas
Sobre la búsqueda incesante de un acto significativo
Y nos rodean un conjunto de sonidos inestables
Onomatopeyas líquidamente estrepitosas
Sobre la acumulación de palabras inciertas
Para que Louis Armstrong interprete nuestro himno
Acerquemos la lavanda a nuestro cuerpo
Y lo inextricable que se vuelve inextricable
Espiando muy de noche a nuestros padres
Y lo inextricable que se vuelca a nuestros actos
Engatusando con el vuelto al bodeguero
Y nuestros actos que se pierden en la búsqueda
Llamando seis veces a la puerta
Y la búsqueda que no halla lo significativo
Para cazar lagartijas en el bosque
Y lo significativo es la coalición de versos arrítmicos
El fagot sepultado en la belleza
Y lo arrítmico determina la pureza…
Rociarás tu perfume entre las aguas
Sentada pies arriba en el abismo
Contemplando la silueta de los dioses
Absorta entre las aguas de la rosa
Y preguntaras:
“¿Cuál es el signo de la interrogación?”
Y yo te contestare:
¡Eso me causa admiración…!
Es imperativa mi respuesta
La claridad es un dogma categórico
Elucubrando un máquina celeste
Para combatir fuertemente a la desidia
Inopinando a la palestra de la sombra
Para estructurar la forma de estos versos
Y atravesarlos por el filo de una espada
Hasta convertirlos en un plato de lentejas
Cuando nos comemos las espigas con el vino
Bajo la gota que penetra a la camelia…
Esculpiendo el sentido de esta imagen
Seguimos revolcando nuestro cuerpo entre la hierba
Rodando cuesta abajo en la colina
Hasta que el tambor retumbe entre los bosques
El silencio
Que se entona en el silencio
El conejo que se encierra en la garota
El ciego que se mira en el espejo
Trepamos las ramas del manzano
Sentados a la orilla de una hoja
Hablando dulcemente al viejo sordo
Discutiendo hasta el cansancio con el muro
Una sonrisa… Un gemido… Una caricia…
Como quien torna la mañana en un sombrero
Como quien trata con paciencia al buen abuelo
Para soltarle rascapies entre la media
Con mi abuelo tú solías corretear
Crickckck… Crickckck… Crickckck…
Soltando mi sombrero en pleno bosque
Cantamos la senilidad de los besos
Entumecidos por el hierro de las flores
Para mostrar las cosas claras
Como este poema.


