Solo una dieta degutante que aplaca los ácidos y nada llena.
Solo la bruma y el trabajo intenso sobre las orillas del mar.
Solo el silencio. Quiero vivir, dejar de sobrevivir.
Quiero rondar y bailar con agüita de azahar; sin la plantígrada
que regula y gobierna el occidente. A estas alturas
el camino es demasiado rancio, aunque persista el aire
y la sal apacigüe la cacosmia que nos aleja, súbita,
de los asquerosos muimuyes, no; no hay paz que me detenga.
II
A veces, caen piedras muy grandes, tanto que los autos
terminan abollados y el susto pande entorpeciendo
a los ritos que corean la noche. En la playa existe demasiado polvo,
y ni un solo faro, por ello son impredecibles los tramos;
aunque el aire se dilate y las corridas me empujen con incesantes golpes.
Da flojera conseguir una garrocha y remover la piedra para nada.
III
La ceguera instiga a la dejadez y el desabrimiento
aparta nuestra empresa al borde del inicio sin haber
auscultado los fétidos olores, es demasiado todo esfuerzo
y a pesar de ello, se insiste en la enorme piedra y en el albur
de las providencias venideras, como si para calmar el hambre,
precisáramos de alguna estúpida estrella ¿Puedo acaso vivir de la quimera?
IV
Aquí solo entramos apretados, pero al menos no se insiste
con la enorme piedra o la estrella extenuante.
Siempre la ventana es más firme que nuestra cruz remota.


